Día 27 de Vilanova de Oscos a Ribadeo
Día curioso con mucho que ver y poco que contar.
Amanece como siempre con una nubes que refrescan la mañana, vemos el campanario del monasterio que teníamos en frente del hotel. Derruido por dentro aunque mantiene en pie las paredes y tienen el buen gusto de poner música sacra mientras deambulas entre vigas caidas, alguna tela de araña y la vegetación que desde afuera lo quiere invadir. No hay mas que ver el puentecillo asediado por la flora conquistadora.
A las afueras de Taramundi, se encuentra el conjunto etnográfico de Os teixois. Pequeña aldea que hace mucho tiempo dominaron el agua para usarla en su provecho y tenían molino de granos y cereales, forja e incluso la primera central hidroeléctrica de la zona. Los artefactos siguieron en uso hasta 1982 y el museo se inaugura en 1986 lo que permite que toda la maquinaria se haya conservado tal cual. Todo muy primitivo ( Siglo XVIII) pero funcional.

piedra de amolar para afilae herramientas
Batán
El herrero utilizaba un martillo mecánico en vez de su fuerza muscular
A las 13,30 entrábamos en una tienda de teléfonos para que revisaran el mío que se dedicaba a resetearse solo continuamente. Lo he dejado y he ido a recogerlo 3 horas después y según el técnico creía que estaba arreglado pero como no lo podías asegurar a ciencia cierta, no ha querido cobrarme.
Guiados por los consejos de Miguel Menendez, comemos en Casa Villaronta, la casa del pulpo.
No descubro nada si digo que las patatas gallegas son superiores a cualquier otra papa española
Pues sí otra vez pulpo, es que no puedo dejar de comerlo. También unos calamarcitos en su tinta con arroz blanco y un vinito Albariño que no me gustó por dulce. No llegaba a ser un Sugus pero casi.












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