domingo, 9 de julio de 2023

 

Día 39 de Lugo a Samos pasando por Sarria.



                                En una de las esquinas de la gran cúpula

Algunas veces ocurre que que las descripciones de las guías no se ajustan a la realidad y uno hace ímprobos esfuerzos por ir a visitar un lugar y al llegar se queda con dos palmos de narices.

Hoy ocurrió algo muy parecido si no que igual. Dejamos una Lucus Augusti durmiendo la “laudeable sepia Dominical” a las 9:30 a.m. dispuestos a desayunarnos en el primer pueblo que encontráramos. Primer intento, bar vació, en la barra solo se ven botellines de cerveza alineados y nada más, ni tapas ni expositor de sobres de papas. Señora sale de una puerta con cubeta y mocho y al preguntarle si tendría un café y pan tostado con mantequilla, poniendo cara de asombro y ojos de sorpresa, menea la cabeza de izquierda a derecha o ya no se si fue al revés.

- ¿Y que tendrá para desayunar?

- No, aquí no servimos desayunos.

Estaba claro que solo bebercio se dispensaba en ese local. El problema es que el resto del pueblo estaba cerrado y dormido.


Buscábamos un puente medieval de Carracedo y la carretera nos lleva a cruzar una granja vaquera con varias vacas atravesando el camino para ir del establo, donde supongo habrían pasado la divertida noche del sábado, hacia la zona de ordeño. Sin exagerar no eran vacas, eran vacotas mas grandes que mi coche.

Le preguntamos al vaquero donde podríamos desayunar y nos dice con cara de saberlo todo que en el cruce.Estando en mitad de la nada y estando esta nada surcada por una miriada de caminos nos preguntamos Eva y yo que a cual cuce se refería. Por suerte el tal cruce no estaba lejos y el destino nos 

en volandas hasta el pero café que uno pueda imaginar y dos panes excesivamente tostados con margarina. Peor es nada.


Encontramos el puente medieval construido con las piedras de un puente romano y dos pescadores bajo el.


En las cercanías y según la guía, estaba un Pazo barroco que solo se visitaba por fuera pero que era casi imprescindible visitar. Llegar no fue fácil, “perdímonos” en un par de ocasiones, y al llegar encontramos una enorme tapia de pizarra que impedía ver lo que había del otro lado y solo se asomaba la cresta de una torreta con lo que intuimos que era un escudo tallado en la piedra.


Ahora le toca el turno a Sarria, promete. La iglesia de san Salvador, románica del siglo XI, cerrada pero podemos verla por fuera.

Probemos con El Hospital de peregrinos que data del siglo XII y que hoy es hospederia para los caminantes , no se permite la entrada, pero tienen a bien abrirnos la iglesia que no tiene ningún interés.




¡ Vaya mañanita! Pero cerca hay un mirador, nos acercamos y esto es lo que vemos.





Curioso mirador del que no se mira nada por falta de poda.

El puente de Áspera , romano el y por donde pasan todos los que van a Santiago.





Samos y el monasterio de San Julián y Santa Basilisa fundado en época Visigoda allá por el siglo VII.. Cambia la suerte, hoy es San Benito y lo entran en procesión. El cura espera que la gente se siente y se calle para terminar la celebración pero las decenas de cotorras excitadas no se callaban, dos veces les pidió silencio y a la tercera y con tono autoritario y cortante: - Chisssssss, ¡¡ ya esta bien!! El silencio invade las naves de la inmensa iglesia. T.odo el silencio fue para despedir la misa que por lo visto acabó con el paseo del santo



           respetando todo lo que hizo dios, estos monjes no molestan ni se molestan en quitar la flora silvestre que se adueña de las piedras.

Se presentan un coro y una señora con acordeón , ella con una voz muy potente y como si fuera Maria Jesus y su acordeón entonan una canción a la virgen. Luego sigue una habanera. Hora de comer.




Al ser fiesta todos los restaurantes del pueblo, cinco, están llenos por lo que enfilamos al siguiente pueblo que es parada y fonda de peregrinos y allí nos dan de comer :

Queso de o Cebreiro con membrillo con vermut 



Eva se jala un churrasco….se ha vuelto carnívora.


Yo, una lengua estofada que nos dicen que es la especialidad, no estaba mal pero a todos los platos les faltaba el sazón del buen cocinero.


Hoy pernoctamos en “Casa de Díaz”. Un caserón en el campo construido de piedra con varios cientos de años en su haber y con preciosos jardines.

Esto lo escribo debajo de una parra.











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