Día 14 y 15 Infiesto-El Entrego-Mieres- Oviedo
¿ Ella, él? posiblemente el travestismo empezó mucho antes de lo que pensamos
Abrimos el día con el Museo de la Minería y la Industria de Asturias. Mas de 3 horas de recorrido sorprendente por la historia de la minería, desde el principio hasta la actualidad.
Empezamos con Georgius Agrícola, nombre latinizado de un alemán llamado Bauer y que escribió 12 tomos sobre la minería. El museo nos enseña grandes máquinas como la rueda de hamster en la que está subida Eva y que servía para extraer agua de las galerías a otras que insuflaban aire para la mejor respiración del minero.
Una locomotora por aquí, un rompedor graneador de congreve por allá ( máquina de 8 m de longitud y 5 de ancho que rompía la galleta de pólvora negra y los dividía en pequeños calibres) y una vez familiarizados con las máquinas y herramientas, bajamos a 600 m en un ascensor en total oscuridad por 90 segundos.
Empieza la angustia.
Recorreremos un km de galerías donde veremos las diferentes formas de apuntalar los techos y paredes, los minúsculos espacios donde un minero con un martillo neumático a 2000 golpes por minuto irá desgajando la veta negra, mientras otro riega la pared para evitar el exceso de polvo que finalmente producirá silicosis al operador, los trabajos nocturnos de los barrenadores, cuando hay un número menor de mineros y así se minimizan las pérdidas de vidas si hubiera un accidente.
Hay maquinaria enorme en el interior de la mina y como solo se puede meter por el tiro por donde bajan los materiales y los obreros, hay que bajarla desmontada, montarla, darle el uso preciso en el punto necesario, desmontar y volver a montar donde se necesite. Trabajo ingente donde las haya.
Pasamos de una galería inferior a una superior casi en cuclillas y hay que tener en cuenta que el minero lleva botas, casco, herramienta, máscara etc. con inclinaciones de 60º.
No se han permitido las fotos en el interior de la mina.
Salimos a la superficie y la bajada a 600m fue simulada, pero allí abajo todo parecía muy real.
También vimos los equipos de rescate de 1940, así como ambulancias, gabinete de rayos X, quirófanos, autoclaves de enormes dimensiones y para finalizar el primer modelo de taza de water con sifón que se instaló en Asturias.
Comimos en Mieres, la ciudad por mas que lo intentamos no le encontramos el sabor, feona y sin gracia. Comimos en la Plaza de San Xoan, el la Sidreria Fulgencio. Por favor que nadie pregunte como estuvo la comida, así me evitaré un aluvión de improperios.
Tomamos el coche para recorrer los valles de mineros de Cuna y Cenera. Muy bonitos y muy estrechos y con el santuario de los Mártires San Cosme y San Damían en uno de ellos. Llevaba unos minutos con ruidos muy sospechosos en la zona intestinal. Creo que el picadillo con huevo y patatas de fulgencio estaba haciendo su efecto.
Sin tiempo de reacción, me interné por una angosta senda que parecía perderse en el monte y rodeado de plantas urticantes que amenazaban mis nalguitas tuve que abonar el prado de emergencia. Por suerte no fui profanado por las ortigas.
Dormimos en Oviedo donde viven Miguel y Marta, dos asturianos con los que compartí la aventura mexicana de ser maestros en la escuela de ingeniería pesquera de San Blas, Nayarit.
Nos nos habíamos visto desde 42 años atrás, ellos volvieron y yo me quedé, pero al vernos, todo ha fluido como si nos hubiéramos visto la semana pasada.
Miguel nos ha enseñado con mucho esmero el centro de la ciudad y su catedral con sus tesoros, que no son poco y claro está, la sidra ha estado presente.
Paseo por el mercado
Nos han invitado a comer a un lugar cojonudo y nos hemos decantado por un plato de caza, hongos y unas fabes desconocidas para mi, de pequeño tamaño y de una fineza exquisita que se llaman verdinas.
Incansables, visitamos las joyas prerrománicas del monte Naranjo, declaradas patrimonio de la humanidad y que tienen casi 1200 años, una es un palacio y la otra una iglesia.
No podíamos despedirnos sin otra sidra. Paramos en un balcón sobre la ciudad donde se divisaba hasta Gijón y el mar cantábrico por un lado y los montes mas cercanos que conforman la cordillera cantábrica por otro y verde, mucho verde.
Nos metimos en la cama a las 9 p.m. después de 11 horas de ingente trabajo turistero cansados y felices.

































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